viernes, 13 de julio de 2018

¿adelgazar caminando?


Se estima que 1 kilo de tejido adiposo tiene aproximadamente 855 gramos de grasa y 155 gramos de agua. Como cada gramo de grasa produce 9 kilocalorías (Kcal), un kilo de tejido adiposo producirá 9 x 855 = 7695 kcal. Por tanto, si queremos perder peso, nos interesará saber que se calcula que para perder un kilo de grasa es necesario un gasto calórico neto de 7.700 kcal aproximadamente (siempre teniendo en cuenta factores como si padeces sobrepeso o no, si eres sedentario, etc).  Dicho a groso modo,  para perder 1 kilo de tejido adiposo tenemos que comer unas 7700 kcal menos de las que gastemos o bien quemar unas 7700 kcal más de las que ingerimos.

 Partiendo de estas premisas, podemos preguntarnos ¿cuánto hay que andar al día para perder un kilo de peso a la semana?

Pues bien, teniendo en cuenta que al caminar avanzamos en cada paso un promedio de 75cm, en un kilómetro daremos una media de 1333 pasos.

Por otra parte, como ya hemos dicho que un kilo de grasa aporta unas 7700 Kcal, para perder un kilo en una semana debemos gastar 1100 kcal al día más de las que ingerimos.

Por tanto, si para perder 70 Kcal debemos dar 1.333 pasos, para perder 1.100 kcal tendremos que dar unos 21.000 pasos. O lo que es lo mismo, caminando 21.000 pasos al día (que equivalen a unos 16 km), lograremos perder 1.100 kcal diarias (por supuesto, si no aumentamos las calorías que ingerimos).

Y todo esto teniendo en cuenta que la velocidad con la que caminemos y nuestro peso corporal son dos factores que determinan el número de calorías quemadas durante la marcha. Si caminamos más lento, perderemos menos que si lo hacemos más rápido y si pesamos más, consumiremos más calorías.



domingo, 17 de junio de 2018

tú no eres ellos


Hablando de adultos,  cada uno es responsable de su vida, o lo que es lo mismo, tú no eres responsable de las acciones de los demás. 
Pero del mismo modo que no eres responsable de las acciones de los demás, sí lo eres de cómo reaccionas ante ellas. Tu angustia, tu depresión, tu estrés, tu insomnio y todas esas emociones  que te mortifican por lo que hacen o dejan de hacer  los otros, no solo no resuelven sus problemas sino que agravan los tuyos.
Si te fijas, todos los cursos de meditación, higiene mental, crecimiento personal…  conducen todos al mismo punto y este punto es que cada uno es responsable de su estado interior, nadie más lo es. Tú solo puedes tener influencia directa sobre ti mismo/a y los demás, igual que tú, tienen todos los recursos necesarios para resolver sus propias vidas. 
Como mucho, tú solo puedes, además de predicar con el ejemplo,  darles tus consejos y, a partir de ahí, ellos deciden si los siguen o no.
Así que a partir de hoy, toma la decisión de dejar de ser quien asume sus responsabilidades  e intenta resolver sus problemas y cargar con sus culpas y trata a los demás como los adultos independientes y autosuficientes que son. 
Asume que tu deber para con ellos y para contigo mismo/a es mantener la calma y dejar que cada uno resuelva lo que le corresponde.  
Verás como las cosas empiezan a funcionar mejor cuando cada uno, incluido tú,  sepa y decida lo que le corresponde hacer.




martes, 1 de mayo de 2018

tienes razón, pero no me convences

No quiero convencer a nadie de nada.
¿Quién soy yo para decir que algo es como yo digo?
Yo solo quiero dar a conocer (mostrar, que no demostrar) lo que entiendo como cierto en este momento, ya que lo que veo ahora como tal no tiene porqué coincidir con lo que pensaba hace unos años y, casi con total seguridad, no lo hará en un futuro.
En todo caso, que sea mi propia convicción la que te convenza, no cualquier esfuerzo que pueda hacer para convencerte porque cuando se está seguro de algo, no hacen falta razones para levantar la voz.
Lo malo es que algunos llaman razonamiento a encontrar argumentos para seguir creyendo lo que creen.
Tratar de convencer a otra persona no deja de ser atentar contra la libertad de creer que cada uno tiene que llegar a la verdad (su verdad) por sus propios medios, porque al fin y al cabo cada convicción no es más que una historia de búsquedas, contradicciones, tanteos, errores, aciertos, correcciones, filtros y, en definitiva, experiencias.
Por eso, al final, cuando no entiendas las razones, deja de razonar... y acepta.
Y por encima de todo, sé feliz. Sin razones.






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miércoles, 7 de febrero de 2018

no más excusas



Cambiar un hábito por otro requiere, sin duda alguna, un esfuerzo, ya que cualquier cambio supone modificar una serie de comportamientos que ya tenemos instaurados en nuestro subconsciente y automatizados en nuestro modo de vida.

Cuando hablamos de dieta y ejercicio, es decir, de vida saludable, pasa lo mismo. Todos tenemos buenas intenciones, pero cuando toca renunciar a la cervecita con patatas fritas cuando estamos con los amigos o hay que ponerse las zapatillas para salir a correr, cualquier excusa nos vale para posponer esas buenas intenciones para más adelante.

Y excusas, podemos encontrar un montón y así nos inventamos pretextos para justificar nuestra inactividad o nuestra mala alimentación, o lo que es lo mismo, nuestra falta de compromiso con nosotros mismos.

Pero lo peor de todo, es que nos acabamos creyendo que esas excusas son verdad e intentamos justificarlas. La buena noticia es que todas esas justificaciones, se pueden rebatir y podemos encontrar tantas motivaciones como excusas.

Recuerda tu prioridad número uno: Primero tienes que estar sano. Después, todo lo demás. Si no gozas de un buen estado de salud físico y mental, difícilmente podrás rendir eficazmente en otros campos de tu vida. Incluso tu imagen es un reflejo de tu salud porque una buena alimentación, una condición física saludable y una buena calidad del descanso nocturno tienen como consecuencia una buena imagen.



En el tema de la alimentación ¿Quién que haya estado a dieta no ha aprovechado que tiene invitados, o que come fuera de casa o que está nervioso, o que tiene algo que celebrar o, o, o...? Pero puestos a buscar excusas, una de las que se esgrimen con más frecuencia es el tipo de actividad laboral que se realiza. Os puedo asegurar que he conocido en la consulta a personas que ejercían trabajos distintos y que todos los que se lo han planteado seriamente y con una actitud positiva, han conseguido adelgazar, les haya costado más o menos.



Y si hablamos de hacer ejercicio, siempre escucharemos la excusa de que “No tengo tiempo”.

Vamos a ver, “alma cántaro”. Una semana tiene 168 horas. Si descontamos 8 horas diarias de sueño, te quedan 112 horas. Quitemos 10 horas diarias de trabajo (8 horas de jornada laboral y 2 de tareas de casa) y aun así te quedan 60 horas semanales ¿me quieres decir, de verdad, que no puedes sacar tres horas a la semana para hacer ejercicio? Pues que quieres que te diga. No me lo creo. Y más cuando las estadísticas dicen que pasamos una media de tres horas ¡diarias! delante del televisor…

Además, siempre será mejor hacer poco que no hacer nada ya que el mero hecho de hacer algo ya es positivo para tu cambio de hábitos porque tu cuerpo necesita ser estimulado con una cantidad mínima de actividad física, que hecha de una manera regular, favorece que se vayan produciendo pequeñas adaptaciones beneficiosas para tu condición física.



En resumen, cualquier excusa es buena para cuidarse.





sábado, 6 de enero de 2018

bendición para el día de reyes

Hoy es día de regalos.
Os propongo el regalo de compartir la mesa y los alimentos, disfrutando de la compañía.
El regalo de charlar animadamente sabiendo escuchar sin interrumpir al otro.
El regalo del cariño, siendo generosos en gestos, besos, caricias, abrazos, palmadas y apretones de manos.
El regalo de la sonrisa, esa línea curva que lo endereza todo, que cuesta muy poco y vale mucho y que dura un instante pero se recuerda mucho tiempo.
y sobre todo, os propongo que recordemos que siempre, siempre, siempre, el regalo no está dentro del paquete sino en las manos que lo entregan.



jueves, 4 de enero de 2018

¿Cómo no me van a gustar los Reyes Magos?

Hay quien dice que los Reyes son los padres. Yo lo puedo confirmar.

Es una fiesta, la de los Reyes Magos, que en mi casa siempre se ha celebrado por todo lo alto y que he mamado desde pequeñito. 

Durante varios años, mi padre fue Baltasar en donde trabajó toda su vida, el antiguo INP (hoy INSS) y por sus rodillas pasaron los hijos de todos sus compañeros y, cómo no, nosotros, sus hijos,  también.  Y unos años después, mi hermano Edu cogió su testigo y también hizo de Baltasar varios años en el Colegio San José y entonces fue mi hijo el que pasó por sus rodillas alucinando con todas las cosas que el Rey sabía de él.

Al principio, lo recuerdo preparando la noche anterior todos los bártulos para ir a cazar (su excusa para no estar con nosotros por la mañana) y luego entendí porqué nunca cazaba nada.

Más tarde, lo recuerdo preparando el maquillaje con una mezcla de corcho quemado y cerveza. 

Este Baltasar, siempre llevaba en el bolsillo un buen puñado de pipas de Oriente que iba repartiendo entre los chavales y que todos coincidíamos en que sabían igual que las pipas de girasol de aquí.

También llevaba un anillo “de oro” que ofrecía a besar a las madres de los niños (las esposas de sus compañeros) que al acercarse recibían un chorro de agua directamente en la cara ya que era un anillo de broma conectado a una pera de agua. Lo mejor era que las mamás no se podían quejar delante de los niños para no delatarlo.

¡Todavía están en su casa los pendientes de bisutería que utilizaba ese día! El primer día que vio a mi hijo con un pendiente, no dijo nada, se fue a su habitación y salió con los pendientes de Rey Mago colgando de las orejas y partiéndose el pecho de risa… 

Y para colmo, el otro día encontré en su casa el diploma que le acredita como “Cuarto Rey Mago” y que se lo envió como agradecimiento una de las ONGs con las que colaboraba habitualmente.

¡¿Cómo no me van a gustar los Reyes Magos?!




jueves, 30 de noviembre de 2017

antiestrés

Ante una situación estresante, nuestro organismo produce una hormona que se llama cortisol, que es la sustancia que nos hace estar más alerta y prepararnos para el ataque o la huida permitiéndonos  correr más, que nuestro corazón bombee más sangre e  incluso que no sintamos tanto el dolor de una herida que nos podamos ocasionar.


Pero de la misma manera que nuestro organismo segrega cortisol cuando sentimos estrés, también existen otras hormonas capaces de relajarnos y de producir en nosotros una sensación de bienestar. Entre estas hormonas destaca la oxitocina.


La oxitocina se produce en situaciones placenteras muy diversas, por ejemplo recibiendo  un masaje, haciendo ejercicio, manteniendo una agradable conversación con otra persona, teniendo relaciones sexuales, sintiendo, pensando y actuando positivamente, ayudando a los demás, paseando por la naturaleza, riendo y acariciándonos, etc, etc.


Parece ser que la risa también puede ayudarnos a reducir el estrés. De hecho, tenemos una tendencia natural a fijarnos en las caras sonrientes  (incluso a que nos parezcan más atractivas) y su expresión se contagia con facilidad. Reírnos relaja la musculatura y nos permite estrechar lazos con los que nos rodean. 


La oxitocina no solo nos relaja, sino que también nos ayuda a aumentar nuestra confianza y a relacionarnos mejor con los demás, lo que a su vez puede servirnos para reducir el estrés.


Si seguimos estos consejos y procuramos vivir en calma, no solo afrontaremos mejor las situaciones de estrés sino que estaremos aportando nuestro granito de arena para conseguir un mundo mejor.