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lunes, 31 de enero de 2022

receta 59: SALTEADO DE CHAMPIÑONES, AJETES Y BACALAO

Tan fácil como marinar bacalao desmigado y desalado en AOVE con ajo y guindilla seca durante al menos media hora (se puede hacer de víspera y dejarlo en el frigorífico)

Escurrir el aceite del bacalao en una cazuela y cocinar en él unos champiñones laminados y unos ajos tiernos troceados con un chorrito de vino blanco. Añadir una pizca de sal y pimienta.

Cuando los champiñones empiecen a dorarse, incorporar el bacalao, darle un par de vueltas y dejar que se acabe de cocinar con el calor residual.





jueves, 28 de marzo de 2019

visión holística

Todos los días nos encontramos artículos y posts sobre nutrición y alimentación en los que nos recuerdan lo mal que hacemos la compra, lo mal que cocinamos y, en definitiva lo mal que comemos, muchos de ellos realizados por profesionales y “gurús” de la nutrición.

También encontramos a diario artículos y posts sobre las repercusiones que la alimentación tiene sobre distintas facetas de nuestra salud y cómo influyen en el desarrollo y mantenimiento de ciertas enfermedades (obesidad, cardiovasculares, tumores…) estos escritos por profesionales de la medicina.

Mucho peor que esto, la avalancha de pseudoartículos y publicidades sobre dietas milagro, superalimentos y todas sus supuestas “virtudes y bondades”, publicados estos por pseudoprofesionales, pseudoperiodistas e influencers varios.

Y con tanta información, dibujos, esquemas e infografías, nos volvemos locos con lo que tenemos que comer o dejar de comer. Y más si tenemos en cuenta que las informaciones van variando según van avanzando las investigaciones y lo que ayer era “lo más” hoy es pecado mortal de necesidad.

Claro que hay que comer bien, eso nadie lo discute. Y claro que hay que informar y remover conciencias. Lo que no tengo tan claro es si con tanta información no estamos consiguiendo hacer una campaña de acoso y derribo, de parálisis por análisis y, en definitiva de culpabilización de la gente que puede llegar a sentirse como unos auténticos analfabetos nutricionales (doctor, he picado, me he zampado unas lentejas que tenían chorizo…)

Desde luego que los profesionales (médicos y nutricionistas) lo hacemos con toda nuestra mejor intención (excluyo a los “pseudo”) ya que desde nuestro conocimiento intentamos hacer, de la mejor manera posible una buena educación en la alimentación, pero ¿lo estamos enfocando bien? ¿tenemos en cuenta las consecuencias negativas (culpa, frustración, etc)? ¿tenemos en cuenta las emociones con las que nuestros pacientes se enfrentan a la comida?

Y aquí es donde yo quería llegar, a las emociones.

Llevo más de 30 años de ejercicio profesional. Ya hace unos cuantos años, publiqué el libro “ADELGAZAR EN POSITIVO. Manual de primeros auxilios para dietas de adelgazamiento”, un libro de autoayuda que hace más hincapié en la actitud con la que te enfrentas a la comida que en la comida en sí. 

Y está claro. Somos seres “holísticos”. No podemos desvincular nuestro cuerpo de nuestras emociones y de cómo las unas influyen en el otro y viceversa. 

Podemos saber muy bien qué tenemos que comer, cómo lo tenemos que preparar y el ejercicio que tenemos que hacer, pero si la cabeza no está alineada con el objetivo, no conseguiremos nada positivo y sí más frustración y sentimiento de culpa por no ser capaces de poner en práctica la teoría que sí conocemos.

Por eso es muy importante trabajar también, desde el interior, la manera en que nos enfrentamos a la comida, ya sea para tener un peso saludable, para mantener una dieta acorde con nuestra salud o nuestras enfermedades y al final conseguir “estar bien”, que en definitiva, es la base de nuestro bienestar.

En una de las líneas del post anterior, digo que soy Médico, que soy Dietista y que soy Coach.  Y eso es, fundamentalmente, porque no quiero perder de vista esa visión holística de mis pacientes como un todo porque muchos de ellos conocen la teoría y aunque saben lo que tienen que hacer y por muchas pautas nutricionales que se les dé, se sienten incapaces de seguir una dieta, se autosabotean continuamente y siempre encuentran una excusa, piensan que no tienen fuerza de voluntad, utilizan la comida como remedio para su ansiedad, son incapaces de disfrutar de lo que comen, creen que las dietas no funcionan con ellos, necesitan cambiar la forma de relacionarse con la comida, no saben distinguir el hambre físico del hambre emocional y, en definitiva, les cuesta reconocer y gestionar sus emociones con respecto a la comida.

Así que, si sabes que algo tienes que cambiar pero no sabes cómo, además de los consejos nutricionales y de salud, un proceso de coaching para estar bien te puede ayudar. Y si crees que yo te puedo ayudar, pregúntame cómo.




P.D.: Si te interesa adquirir mi libro “Adelgazar en positivo”, lo puedes encontrar en Amazon: goo.gl/CwxrSk o directamente en Clínica Nutriestética (Avda Colon 43 bajo, Logroño)


viernes, 13 de julio de 2018

¿adelgazar caminando?


Se estima que 1 kilo de tejido adiposo tiene aproximadamente 855 gramos de grasa y 155 gramos de agua. Como cada gramo de grasa produce 9 kilocalorías (Kcal), un kilo de tejido adiposo producirá 9 x 855 = 7695 kcal. Por tanto, si queremos perder peso, nos interesará saber que se calcula que para perder un kilo de grasa es necesario un gasto calórico neto de 7.700 kcal aproximadamente (siempre teniendo en cuenta factores como si padeces sobrepeso o no, si eres sedentario, etc).  Dicho a groso modo,  para perder 1 kilo de tejido adiposo tenemos que comer unas 7700 kcal menos de las que gastemos o bien quemar unas 7700 kcal más de las que ingerimos.

 Partiendo de estas premisas, podemos preguntarnos ¿cuánto hay que andar al día para perder un kilo de peso a la semana?

Pues bien, teniendo en cuenta que al caminar avanzamos en cada paso un promedio de 75cm, en un kilómetro daremos una media de 1333 pasos.

Por otra parte, como ya hemos dicho que un kilo de grasa aporta unas 7700 Kcal, para perder un kilo en una semana debemos gastar 1100 kcal al día más de las que ingerimos.

Por tanto, si para perder 70 Kcal debemos dar 1.333 pasos, para perder 1.100 kcal tendremos que dar unos 21.000 pasos. O lo que es lo mismo, caminando 21.000 pasos al día (que equivalen a unos 16 km), lograremos perder 1.100 kcal diarias (por supuesto, si no aumentamos las calorías que ingerimos).

Y todo esto teniendo en cuenta que la velocidad con la que caminemos y nuestro peso corporal son dos factores que determinan el número de calorías quemadas durante la marcha. Si caminamos más lento, perderemos menos que si lo hacemos más rápido y si pesamos más, consumiremos más calorías.



miércoles, 7 de febrero de 2018

no más excusas



Cambiar un hábito por otro requiere, sin duda alguna, un esfuerzo, ya que cualquier cambio supone modificar una serie de comportamientos que ya tenemos instaurados en nuestro subconsciente y automatizados en nuestro modo de vida.

Cuando hablamos de dieta y ejercicio, es decir, de vida saludable, pasa lo mismo. Todos tenemos buenas intenciones, pero cuando toca renunciar a la cervecita con patatas fritas cuando estamos con los amigos o hay que ponerse las zapatillas para salir a correr, cualquier excusa nos vale para posponer esas buenas intenciones para más adelante.

Y excusas, podemos encontrar un montón y así nos inventamos pretextos para justificar nuestra inactividad o nuestra mala alimentación, o lo que es lo mismo, nuestra falta de compromiso con nosotros mismos.

Pero lo peor de todo, es que nos acabamos creyendo que esas excusas son verdad e intentamos justificarlas. La buena noticia es que todas esas justificaciones, se pueden rebatir y podemos encontrar tantas motivaciones como excusas.

Recuerda tu prioridad número uno: Primero tienes que estar sano. Después, todo lo demás. Si no gozas de un buen estado de salud físico y mental, difícilmente podrás rendir eficazmente en otros campos de tu vida. Incluso tu imagen es un reflejo de tu salud porque una buena alimentación, una condición física saludable y una buena calidad del descanso nocturno tienen como consecuencia una buena imagen.



En el tema de la alimentación ¿Quién que haya estado a dieta no ha aprovechado que tiene invitados, o que come fuera de casa o que está nervioso, o que tiene algo que celebrar o, o, o...? Pero puestos a buscar excusas, una de las que se esgrimen con más frecuencia es el tipo de actividad laboral que se realiza. Os puedo asegurar que he conocido en la consulta a personas que ejercían trabajos distintos y que todos los que se lo han planteado seriamente y con una actitud positiva, han conseguido adelgazar, les haya costado más o menos.



Y si hablamos de hacer ejercicio, siempre escucharemos la excusa de que “No tengo tiempo”.

Vamos a ver, “alma cántaro”. Una semana tiene 168 horas. Si descontamos 8 horas diarias de sueño, te quedan 112 horas. Quitemos 10 horas diarias de trabajo (8 horas de jornada laboral y 2 de tareas de casa) y aun así te quedan 60 horas semanales ¿me quieres decir, de verdad, que no puedes sacar tres horas a la semana para hacer ejercicio? Pues que quieres que te diga. No me lo creo. Y más cuando las estadísticas dicen que pasamos una media de tres horas ¡diarias! delante del televisor…

Además, siempre será mejor hacer poco que no hacer nada ya que el mero hecho de hacer algo ya es positivo para tu cambio de hábitos porque tu cuerpo necesita ser estimulado con una cantidad mínima de actividad física, que hecha de una manera regular, favorece que se vayan produciendo pequeñas adaptaciones beneficiosas para tu condición física.



En resumen, cualquier excusa es buena para cuidarse.